Se llama Liz, o al menos, ese es el nombre que nos dió. Dijo que tiene 30 años, también que tiene 4 hijos. Dos aún son bebes. Señala la montaña, allá esta su pueblo. Un pueblo humilde, con horno a leña, techo de paja y suelo de tierra. Pueblo de montaña, inmerso entre cientos de terrazas de arroz.

Sapa - Vietnam

Sapa - Vietnam

Terrazas de arróz

En su pueblo las mujeres trabajan, juntan leña y saludan a los turistas. Los niños juegan, y se esconde cuando ven que una cámara apunta a su rostro sin pedir permiso. Lo curioso, para entrar al pueblo de Liz hay que pagar una entrada. Ella nos invita a ir, pero sabe que no lo haremos. Esa misma noche tenemos tren a Hanoi. También sabe que no le vamos a comprar nada. Nos estuvo observando y vio la decena de señoras (de su misma étnia Hmong) que se nos acercaban para hablar con las mismas tres preguntas: nombre, nacionalidad y edad. Alguna preguntaba si teníamos hermanos y las más osadas si estábamos casados o teníamos hijos. Ella ya nos había visto, por eso se acercó a hablarnos nuevamente (porque ya habíamos hablado, cuándo estábamos perdidos buscando la oficina de trenes). Nosotros no supimos reconocerla.

No se acercó en un momento cualquiera, sino cuándo preparamos el mate. Ese cuenco de calabaza con unas hojitas verdes que parece té y un termo de agua caliente. Solo en ese momento, ella vino. Sabía que no íbamos a comprarle nada, no le importó, solo quería saber de que se trataba. No se animó a probarlo, pero si lo olió.

Ella nos recuerda al altiplano boliviano. El lago nos recuerda la ciudad de Bariloche, en la Patagonia argentina. Nadie creería que eso es Vietnam. Incluso nosotros no lo creemos.

Sapa - Vietnam

Sapa es un país aparte, ellas incluso saben más palabras en inglés que la mayoría de los vietnamitas. En cambio ellos, los vietnamitas, solo van por un día. Nos dicen que para ver la nieve, incluso por primera vez en sus vidas, porque en Vietnam no nieva. El mundo es un lugar extraño. Un lugar donde conviven y coexisten tantos mundos, tantas lenguas, tantas religiones, tantas costumbres. Tantas personas.

Sapa - Vietnam

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Mundo grande y desigual. Casas de techo de paja que hacen el escenario ideal para montar resort de lujo.  Vivimos en un mundo que solo es para unos pocos. Hay otros muchos que se quedan afuera. Estos últimos no viven, sino que sobreviven.

Sapa - Vietnam

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Sapa - Vietnam

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A veces sentimos que la única relación posible que logramos entablar con la gente de los lugares que visitamos es a través del dinero, pero con Liz pasó algo diferente. Ella se nos acercó por curiosidad, quería saber de nosotros, y de paso aprovechamos nosotros para saber de ella. La charla se extendió más de lo que nos dimos cuenta. Nos despedimos diciendo que el día que volvamos a Sapa la buscamos y vamos a conocer a su familia. Ella se fue, pero nos quedamos pensando, ¿No es posible que ella viaje a Argentina? Y así nosotros le presentamos nuestra familia. Ni se nos ocurrió decirlo, ya tenemos un chip seteado que nos hace pensar que no se puede. Que este mundo es grande y desigual. ¿Pero si realmente se lo propone? Así como los primero viajeros pasionarios se entretenían con historias de otros lados y miraban maravillados el horizonte, ¿Liz habrá soñado alguna vez con conocer los países de donde vienen los turistas? Mientras, sigue vendiendo pulseritas y repitiendo las mismas tres preguntas. Algunas veces invita a los turistas a su casa para conocer a su familia.

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