Llegar a Vilnius no sólo era llegar a la capital de Lituania, una de las tres naciones que conforman la región de los Bálticos (debido a su ubicación geográfica a orillas del Mar Báltico). Llegar a Vilnius era comenzar finalmente nuestro viaje. Si bien, hace más de dos meses que estamos recorriendo Europa, nuestro viaje busca centrarse en las 15 naciones que supieron conformar la URSS. El resto fue entrada en calor, puro decorado. Si bien con los soviéticos nos encontramos en Polonia, en Berlín, en la ex – Checoslovaquia y en ex – Yugoslavia, recién ahora ese encuentro empezaba a tomar otro color. Recién ahora parecía ser más vívido.

Vilnius (Vilna en español) nos recibió con una lluvia intensa. Veníamos desde Klapieda trayendo con nosotros un poco de mala suerte. Algún gualicho viajero que en Vilnius, por suerte, supo llegar a su fin. Si es, cómo dicen, que la lluvia sirve para purificar nosotros ya estamos lo suficientemente mojados.

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Esperábamos encontrar una ciudad con edificios antiguos de la época soviética, todo de un color gris, pero sin embargo vimos una ciudad pequeña y moderna, con un casco histórico muy bien conservado y casas de alta moda por doquier. Parece que acá no quieren saber nada con el pasado comunista. Quizá llegamos tarde, 24 años después de la caída de la URSS puede ser mucho tiempo. También llegamos tarde porque adelante nuestro vinieron otros: todos los países de la OTAN. Incluso el Euro llego unos meses antes que nosotros. Pero acá estamos, y el objetivo es encontrar en las calles y en las personas esos retoños del pasado soviético.

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La ciudad se recorre caminando. Eso es algo bueno. Basta salir por la mañana con la cámara de fotos encendida y comenzar a perderse en este laberinto de historia, de comunismo y de capitalismo a flor de piel. Iglesias por doquier, barcitos por doquier y en el centro restos de lo que supo ser alguna torre de vigilancia.

La plaza central

La plaza central

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Bandera de Lituania

Bandera de Lituania

Más allá se llega al paseo de la literatura y a muchos pasadizos que tienen algún tinte latinoamericano. Los locales de comida chatarra también abundan. Poner un H&M o un Mc Donald’s cerca de un lugar relacionado con el comunismo es mofarse en la tumba del mismísimo Lenin.

El pasaje de la literatura

El pasaje de la literatura

Y una iglesia que nos recordó a Lima, la capital peruana

Y una iglesia que nos recordó a Lima, la capital peruana

Al cruzar el rio Vilna, se ingresa en la República Užupis. Un intento de república separatista dónde el 98% de la población son artistas y/o bohemios. Ellos tienen su propia moneda, sus propios gobernantes, sus propias leyes (cómo por ejemplo, sonreír la mayoría del tiempo). Igualmente aceptan euros y Mastercard.

La frontera con la República de Užupis

La frontera con la República de Užupis

Lo más interesante es su constitución. Algunos artículos:

– Todos tienen derecho a morir, pero no es su obligación.
– Todos tienen derecho a equivocarse.
– Todos tienen derecho a ser únicos,
– Todos tienen derecho a amar.

El centro de Užupis

El centro de Užupis

Paredes pintadas

Paredes pintadas

Užupis es un recreo dentro de la ciudad. Lástima que sólo sean unas pocas manzanas y que no tengan ningún tipo de reconocimiento oficial. Afuera el ambiente es otro. No vamos a decir que la ciudad es fea o aburrida, al contrario. Lo único raro es el ambiente que ahí se respira. Para muchos será normal, pero a nosotros hay cosas que no dejan de hacernos ruido.

Hay un curioso cartel en el centro de Vilnius que dice: “Cualquiera que elija a Lituania como enemigo, también se hizo enemigo de los Estados Unidos.” George W. Bush. Sólo se entiende desde el resentimiento y miedo que le tienen a los rusos. Esos son los malos, los que traen las pestes, las crisis y la pobreza.

¿Gracias?

“Cualquier que elija a Lituania como enemigo, también se hizo enemigo de los Estados Unidos.” Dijo George W. Bush

Ahora las tropas de la OTAN se pasean por el país y sus aviones lo sobrevuelan, cada vez son más las importaciones vienen de occidente que de Rusia y cada vez se habla mas inglés en las calles. Con tal de darle la espalda a Rusia se arrodillan frente a las potencias occidentales.

Así pasó en la Segunda Guerra, tal era el odio que le tienen a los rusos, que cuando los nazis invaden la ciudad en 1941, muchos ciudadanos salieron a festejar a las calles. Se estima que el 95% de los judíos murieron en esa ocupación.

Conocimos a muchos jóvenes allá. Ninguno de nosotros vivió el comunismo pero todos lo pensamos como algo diferente. Todos entendemos la historia a partir de lo que nos cuentan y lo cierto, es que el hombre cada vez lee menos, cada vez averigua menos, cada vez piensa menos. Basta lo que lo digan los medios de comunicación para que sea cierto. La URSS dejó de existir hace más de 20 años y los jóvenes en Vilnius no saben demasiado de ese proceso. En la escuela les dijeron que el inglés es mejor idioma que el ruso, que ahora se puede viajar por Europa y que ahora uno puede comprar lo que quiere en el supermercado. ¿Esa es, entonces, la única diferencia? ¿Eso es lo único que nos pueden decir sobre los más de 50 años de ocupación soviética? Llegamos tarde. Ahora la diferencia es la cantidad de gente viviendo en la calle, los borrachos y locos que merodean el centro.

El río Vilna, uno de los pocos testigos del paso de la historia

El río Vilna, uno de los pocos testigos del paso de la historia

Y ese rencor a la época comunista lo demuestran con su lujosa vestimenta, sus smartphones y sus autos de alta gama. Dónde el aparentar parece un hobby nacional. Que pena que aún no se enteraron que eso también es un imperio, es una forma de colonización y dominación. En Vilnius ya no le rezan ni le temen a Stalin, los dioses occidentales son otros ahora. Lo qué es mejor y lo qué es peor, lo dejamos como una reflexión interior.

Desde lo alto la ciudad es mucho más linda

Desde lo alto la ciudad es mucho más linda