Volver a viajar. Por más corto que sea el viaje, por más cerca que esté el destino es volver a ponernos en movimiento. Meter dos remeras en un bolso, cargar el termo con agua caliente, ponernos las zapatillas de montaña y nada más.

Esa ansiedad, producto de la incertidumbre de no saber con que nos vamos a encontrar, nos hace resurgir muchísimos sentimientos que se fueron acomodando en el fondo de nuestros seres. Cómo si la quietud y la cotidianeidad de Buenos Aires nos hayan hecho olvidar de las sensaciones que nos invadían al estar de viaje. Prácticamente ya ni nos acordábamos que se sentía cuando uno viajaba. Teníamos que hacer memoria. Pero no hizo falta más que un par de kilómetros en la ruta para que todo vuelva a fluir.

Mítica ruta 3

Mítica ruta 3

Ruta 3 Argentina Viajar-3

Esta vez viajamos al sur, a la costa atlántica patagónica. Un destino que siempre nos llamó la atención, quizá por su inmensidad o por ser la zona más desértica de nuestro país. El saber que nos íbamos a encontrar con los gigantes del mar también sumaba puntos. Además era un viaje en familia que teníamos proyectado desde hace mucho tiempo.

Para nosotros viajar es sinónimo de adaptación. Viajar supone asombrarnos y adaptarnos al entorno que excepcionalmente nos rodea. Hay tantos modos de viajar como viajeros posibles y cada forma es única y correcta.

Esta vez (y con un poco de ayuda) viajamos en auto. Un hábito que teníamos, también, un poco olvidado. Desplazarnos por tierra siempre nos gustó más que viajar en avión. Será más lento e incluso tedioso pero nos permite ir observando y percibiendo las variaciones de la paisaje, de la gente, de las costumbres e incluso del tiempo y del espacio. Salir de la convulsionada General Paz e ingresar en la infinita ruta 3 fue un transformación que no nos paso desapercibida. Las rutas yendo al sur de Buenos Aires empiezan a mostrar una Patagonia despoblada y vacía. Nada a los costados y miles de kilómetros para adelante. Es una ruta que fácilmente invita a reflexionar. Como si el constante movimientos de líneas blancas en el asfalto determinara un patrón de pensamiento. O quizá fue la falta de estímulos que tanto nos agobian en Buenos Aires

Y viajar, a nosotros, nos permite ponernos en perspectiva. Nos invita a pensar. Cebamos un mate, paramos a sacar una foto y la rutina de Buenos Aires de a poco va quedando atrás. Uno se va conectando con los tiempos del viaje. Tiempos que nos exceden y que nos invitan a dejar llevar por los guiños del destino, por los encuentros espontáneos, por los personajes de la ruta y las apasionantes puestas de sol. Estar en “modo viaje” hace que se active en nosotros un estado de disposición para con el entorno que en Buenos Aires queda relegado.

El viaje nos regalo atardeceres como esté...

El viaje nos regalo atardeceres como esté…

... y almuerzos de todo tipo

… y almuerzos de todo tipo

Volver a la ruta nos recuerda que nuestra estadía en Buenos Aires tiene fecha de vencimiento, que queremos seguir viajando y que Argentina es nuestro próximo país en el mapa.