El atardecer suele ser un momento mágico y es de las pocas cosas que coleccionamos de los viajes. Intentamos juntar etiquetas de cerveza de cada país, imanes o billetes, pero nunca dimos continuidad a ninguna colección. Con los atardeceres, en cambio, sí. Hay tres o cuatro que recuerdo con detalles exactos. El de Zadar es uno de ellos.

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Para muchas religiones el atardecer es uno de los momentos cúlmines del día. Junto al amanecer encuadran ciclos de vida y muerte diarios. Porque el atardecer representa micro-muertes. Un día que se va y con ello tantas otras cosas…

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Me gusta tomarme al menos 5 minutos y contemplar el atardecer. Sea en la montaña, en el mar, o simplemente en mi ciudad cuándo voy a hacer alguna compra de última momento para la cena. Mirar, respirar hondo y dejar que el día se vaya. Intento pensar en qué hice en el día, qué pasó, qué tengo que cambiar.

Cuándo se empieza a poner en sol, va bajando muy despacio. Es difícil darse cuenta de que se movió, pero de pronto desaparece. Oscuridad. El día llego a su fin, y parte de nosotros con él.

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Es difícil ponerle palabras a eso que el atardecer me genera. Para otros será contemplar el mar o mirar al fuego consumirse. No importa lo que sea, pero es algo que nos saca de nosotros y de nuestro barullo de pensamientos. Nos conectan con el mundo circundante y lo que allí pasa. “A veces se me olvida que estamos en un planeta que gira, con ciclos diarios, que empiezan y terminan. Y en mi caso, estamos en Zadar (Croacia). Cerca de cumplir un mes de viaje”. Sonrío, lo miró a L. y le doy un beso en el hombro. ¿Estará pensando en lo mismo que yo?

Estamos sentados en unas escalinatas a orillas del mar Adriático. El sol va bajando, el mate aún está caliente y la gente comienza a llegar. Europeos, japoneses y sudacas. Todos nos vamos acomodando para observar lo que va a suceder. El ambiente obliga al silencio. Al silencio verbal  digamos. Porque cuándo la boca se calla, es la mente la que empieza a correr. El silencio también está obligado por la música.

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Las chicas en primera fila...

Las chicas en primera fila…

Estamos sentados en un “órgano marino”. Debajo nuestro hay nosecuántos tubos de órgano. Con el agua y el viento producen música. Cada oleaje hace que suene distinto. El mar suena, y su música es totalmente armoniosa. Combina con el atardecer.

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A nuestras espaldas la ciudad amurallada. Una más de las tantas ciudades históricas de la costa croata. Blanca, de piedra, demolida en la última guerra y vuelta a reconstruir. Caminar por ahí hace que uno se transporte fácilmente en el tiempo, a la época romana con mercaderes y navegantes. Hoy también hay comerciantes, pero solo con souvenirs para los turistas.

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Volvamos al punto, (es difícil estar aquí y ahora) estoy en Zadar, en Croacia. En 10 minutos el sol desaparece por completo y se encienden uno por uno los planetas del sistema solar que está representado en el suelo. Sólo son unos paneles de energía solar que se encienden de noche pero el efecto es interesante.

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Escalinatas, mate, música y la luz del atardecer que va tiñendo todo de color amarillo azulado. Estoy acá pero a la vez no.

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¿Tienen algo que ver Croacia con India? En el mapa no mucho, pero en ese instante ambas coinciden en mi cabeza. Recuerdo un atardecer en Pushkar. Ghats[1], agua sagrada, música de alguna cítara lejana, mate. Allá éramos varios los que contemplábamos el atardecer, algunos meditaban, otros charlaban y otros intentábamos entender que pasaba alrededor nuestro. Allá la espiritualidad obligaba a detenernos, a vivir el atardecer. Justamente, uno de los mantras más famosos del hinduismo, es recitado en estos dos momentos del día. Una posible traducción podría ser:

Tierra, cielo y paraíso
Ese dios del sol adorable
En su luz de dios medito
Meditando en aquel, nosotros nos entusiasmamos.

Alguna vez dijimos que es casi imposible para nuestra concepción racional materialista abordar una cultura que se levanta recitándole al sol, pero algo hay en nuestras acciones que se parecen. Por más metidos que estemos en nuestros asuntos, la salida y la puesta del sol no pasan desapercibidas.

En Croacia tampoco. Somos poco más de cincuenta personas mirando/mirándonos. Tanto en India como acá, las escenas son similares. Cómo si se tratase de un mismo espejo que va reflejando las distintas realidades que vamos viviendo. El atardecer quizá es eso, sólo un reflejo nuestro.

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El diccionario define al atardecer como la “caída de la tarde”. Cómo ese instante en el cual un astro, en este caso el sol, está por efecto de la rotación de la tierra atravesando el plano del horizonte. Pasando de un plano visible a uno no visible. En ese instante su altura es cero, pasando de positiva a negativa. Eso determina el fin del día. Sólo un instante. Dudo si el atardecer es un fenómeno temporal o espacial. Dudo si se trata sólo de eso…

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[1]Los ghats son las famosas escalinatas de cemento tan comunes en India.