Cuándo le dijimos que íbamos a Zagreb se sorprendió. Era el primer auto que nos levantaba en la ruta. Nosotros estábamos en Pecs, al sur de Hungría. El pronóstico para hacer autostop hasta Zagreb, por parte de los pecsianos, no era favorable. Nos instaban a tomarnos el tren. A muchas personas les cuesta entender que decidimos viajar a dedo por gusto (excede el presupuesto, excede la sobra de tiempo). Igualmente, algo en el tener que cruzar una frontera (la primera en este viaje) a nosotros también nos asustaba un poco.

En los últimos años Croacia creció mucho turísticamente: que sus playas sean catalogadas como una de las mejores del mundo, hizo que miles de europeos decidan venir a pasar sus vacaciones acá. Pero Zagreb, la capital croata, queda exenta de esos itinerarios.

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Lo bueno de Europa es que uno hace unos pocos kilómetros y cambia de país. Lo bueno de llegar a las capitales es que uno puede observar de manera rápida y compacta al país entero, suele estar todo condensado y eso sirve para ponerse en órbita. Las capitales suelen ser un gran laberinto de espejos dónde se ven muchas puertas, a medida que uno se va metiendo en las arterias del país cada puerta comienza a abrirse.

Entre Pecs y Zagreb hay 176 km (en línea recta), pero el camino que íbamos a tomar marcaba 375 km. Salimos a las 10 am. Luego de 5 autos y 6 horas llegamos a Zagreb. Mucho antes y mejor de lo que imaginábamos.

Vista de la ciudad

Vista de la ciudad

Así y todo, al llegar nos encontramos con un problema. Llegamos sin tener ningún alojamiento resuelto, sin una Kuna (moneda croata) y sin tener idea de dónde ir, ni cómo ir a algún lado. Algo que en India nos era tan habitual, pero ahora nos estaba costando acomodarnos. Estábamos faltos de ritmo. Supervivencia viajera: Buscar un wifi abierto, abrir algún mapa y seguir nuestra intuición. El camino provee a los peregrinos.

La catedral en reformas

La catedral en reformas.

El cementerio también es pintoresco

El cementerio también es pintoresco

Varias cosas llamaron rápidamente nuestra atención:

  • La ciudad es muy chica para ser la capital del país.
  • Todos se visten muy elegantes, toman café y fuman a toda hora. Una ciudad muy coqueta dónde la elegancia de la gente nos recodaba a Italia y eso que nunca pisamos tal país. La proximidad física debe haber dejado alguna influencia. Incluso el idioma croata tiene una tonada media tana.
  • ¿Cambiaron la fecha de San Valentín? ¿O estos tipos están obsesionados con los corazones?

Barcitos por doquier, heladerías, grandes casas de ropa, puestos de flores y corazones. Para arriba la parte vieja de la ciudad: Esa primera tarde caminamos por ahí y sentimos que ya habíamos visto todo. Todas las “típicas postales” de Zagreb las teníamos guardadas en la memoria de la cámara ¿Tan chiquita podía ser la ciudad? ¿Tan coquetos y ensimismados son los croatas? Cuando sucede esto lo mejor es dormir y esperar al día siguiente para ver todo desde otra perspectiva.

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Con el correr de los días, nos empezamos a encariñar con los croatas. Lo que sí, en Zagreb, todo nos parecía caro (comparado con Hungría). Queríamos volver a aquel país. No nos terminábamos de acomodar a esta ciudad. ¿Será que tan rápidamente nos adaptamos y ya tomábamos a Hungría como lo conocido y lo demás nos inspiraba rechazo? Somos muy del querer a lo conocido y rechazar lo desconocido.

Río Sava, no es el Danubio.

Río Sava, no es el Danubio.

Pero los corazones seguían ahí, latiendo para nosotros, por doquier. Al igual que el pueblo húngaro, el pueblo croata tampoco la tuvo tan fácil. Guerras recientes y exilios a todas partes del mundo. La capital engloba un poco esos años de historia. Pero no podíamos dejar de compararla con Budapest, quizá porque Zagreb también fue parte del imperio astro-húngaro o quizá por que acá también había dos ciudades separadas (Gradec y Kaptol) que después se unieron en una. Pero a diferencia de Budapest, Zagreb es una ciudad más elegante. Nos costaba creer que acá estuvo Tito, que esto fue Yugoslavia. Algunos dicen que Tito estuvo en Argentina (y era hincha de Estudiantes). Seguimos caminando, intentando entender. Música por acá, espectáculo de circo por allá e incluso una milonga. En Zagreb el arte se festeja en la calle, eso nos gusta.

Milonga de domingo a la noche

Milonga de domingo a la noche

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Pero ahí seguían esos corazones. Ya nos empezaban a incomodar. De jengibre, de porcelana, para llevar, para regalar, por doquier. Incluso declarados patrimonio nacional.

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¿Así que Zagreb es la ciudad de un millón de corazones? Celebran tanto al amor que acá se encuentra el único y primer Museo de las relaciones rotas. Una suerte de homenaje a esas relaciones amorosas que quedaron truncas. Uno puede ir y donar un objeto de su ex–relación con una breve historia para ser expuesto y honrado en el museo. Es una linda manera de decir adiós.

Otra ciudad enamorada de los candados

Otra ciudad enamorada de los candados

Y ahí no pude más. Tuve que volver al hostel y buscar en internet: “Un señuelo, hay algo oculto en cada sensación …Por descuido, fui víctima de todo alguna vez … Un dulce pálpito, la clave intima”. Hacia tres días que estaba caminando por Zagreb y no podía dejar de tararear esas palabras que no sabía a que canción respondían. Cómo un mantra me venían a la cabeza cada vez que vislumbraba un nuevo corazón. Eureka! Era Corazón Delator, de Soda Stereo. Me reí de mi misma, de mi inconsciente. Corazón Delator, en Zagreb.

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Entendí por donde venia la cuestión, alguna jugarreta del destino. ¿Qué era, entonces, eso que latía en Zagreb? ¿Dónde estaba el pulso de la ciudad? Lo teníamos que buscar. Las ciudades remueven recuerdos. Las ciudades (nos) evocan canciones, poemas, películas, personas. Y hacer referencia a ellas es una buena manera escribir sobre ellas.

Entonces, ¿Qué delata el corazón de Zagreb? Si está por doquier es porque algo quiere decir. ¿Croacia late en su capital? Cómo el corazón del muerto debajo de los tablones de Poe, los corazones acá estaban diciendo otra cosa.

Señora del mercado, ¿Usted sabe que delata?

Señora del mercado, ¿Usted sabe que delata?

¿Y ustedes señor?

¿Y ustedes señor?

Un señuelo, hay algo oculto en cada sensación”. Los corazones señalan. Revelan. Y Zagreb esconde la historia de Croacia. Una historia entreverada, reciente y diversa. La arquitectura imperial se mezcla con el socialismo yugoslavo. Esa ruptura reciente de ese gran país todavía deja marcas. Muchos croatas hablan con desprecio de Serbia y de Bosnia. A otros parecen no importarles, es cosa del pasado. Otros tienen familia allá pero ya no se ven. En el ’90 muchos se fueron. Las señoras mayores lucen con orgullo su pañuelo como signo de no dejarse conquistar por H&M ni por las modas italianas.

Monumento socialista I

Monumento socialista I

Monumento socialista II

Monumento socialista II

Monumento socialista III

Monumento socialista III

Haber sufrido una guerra reciente, sobrevivir a la separación de una nación y el esfuerzo por reconstruir un país con mucha historia hacen que Zagreb siga latiendo. Será cuestión, entonces, de seguir buscando esos corazones que laten en las tres semanas que nos quedan recorriendo Croacia.

Y mientras caminábamos por Zagreb, Ceratti sonaba con nosotros, y Alberto Laiseca leía a Poe con la luz apagada. Por que Corazón Delator de Edgar Alan Poe se tiene que leer a oscuras.

Info útil

* Alojamiento: El Hostel Chameleon está en el centro de la ciudad y tiene cuartos compartidos a excelente precio. A nosotros nos gustó mucho.

* La ciudad es muy caminable. Dispongan de sus pies para conocerla mejor.

* Dos visitas interesantes y que no aparecen en los recorridos turísticos son el Cementerio de Zagreb y los monumentos socialista que aún descansan a orillas del río Sava. A ambos se puede llegar caminando.

* El agua es potable. Rellenen sus botellas en las canillas de la calle.